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¡YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL…!

02/07/2016

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Reflexiono sobre el nacionalismo, incluso el español, y siento que sigo sintiéndome ciudadano del mundo. Debido a mi incorregible fantasía diría que también ciudadano del universo. Además, el nacionalismo es uno de los mayores causantes de la guerra. Aldous Huxley escribió en "Viejo muere el cisne" que el nacionalismo siempre producirá, como mínimo, una gran guerra en cada generación. Por eso desde el primer día que vi una bandera no pude ver en ella más que un trapo colgado de un palo que ondea al viento. Mi primer beso, rapado y militarizado, al trapo ondeante, pasó por mi sensibilidad sin que se me pusieran los pelos de punta, o sintiera que era depositario de alguna verdad divina que los dioses, al igual que a los hebreos, ahora habían dado a los españoles. En mi época la izquierda era universalista. Valía más el ser que el territorio, más la solidaridad que la pertenencia a la tribu.

El localismo implica la vehemencia de la pequeñez, algo tan notable en las mentes como en los insectos, según Santayana. Yo creo que uno, en el fondo, no es de ninguna parte al menos hasta que tiene un muerto bajo la tierra, como dice José Arcadio Buendía. Entonces es de donde son sus recuerdos. Entonces es de algo más que un territorio, una historia y unas costumbres o lengua. Es de su amor, sus sueños y sus recuerdos. Ahí encuentro mi patria. Todas las otras que el mundo me ofrece las siento como legajos polvorientos llenos de letras que se van fundiendo.

Desde que venimos al mundo nos enclaustran en lo pequeño. Comprimen el territorio y nos dicen tú eres de aquí y los demás son los otros. Y es como si comprimieran el campo, como si pusieran una valla de alambre de espino reluciente en el gran valle o en las montañas, en el mar o en las cascadas, en los lagos o en el cielo. Me rebelo contra los que quieren cortar mi mirada para que no la levante. Los griegos decían que el humano es el ser que mira a lo lejos.

No soporto a los que conciben la individualidad macerada, o amasada, en la realidad constreñida de la tribu, o incluso de la especie, ya que en esta gran casa de la tierra no solo somos nosotros los huéspedes. Mi patria, mi verdadera patria, es mi sueño de conocer cuanto más lugares mejor, de viajar por todo el mundo (he visitado más de 40 países y pocos lugares de España me son desconocidos). En mi patria caben todos los que tienen algo hermoso o sabio que enseñarme, todos los que tienen algo hermoso o sabio que pedirme. Soy de donde el valle acoge a la niebla, o de donde los caminos te dicen que puedes seguir adelante porque es tu destino. Además, cada vez me siento menos español, y menos europeo, porque unos y otros quieren blindarme el corazón de rencor.

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