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LEYENDAS DE UN TIEMPO LEJANO

27/02/2015

Gol de Zarra a Inglaterra en el mundial de 1950, Río de Janeiro
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Adonde llega ahora Messi, superando los 251 goles de Zarra, es a la leyenda de un tiempo lejano en un país maltratado por la historia en el que sus hijos lloraron sangre, y dejaron de sentir la dicha de lo cotidiano, al menos los que habían perdido la batalla. Las ruinas del pasado envolvían las mañanas. Era como si siempre hiciera frío porque los cuerpos tenían que encogerse para protegerse de la vida. En esa escena angustiosa, el fútbol aparecía como un emblema de felicidad. Se convertía en un sueño de dicha que creaba una comunión hermosa, porque entonces los bandos no estaban obligados a devorarse, sino a luchar por sus colores con la única munición del balón, y la portería como paredón en donde la cal no podía romperse al llegar el proyectil, porque detrás del portero solo estaba el viento. Y además el fútbol podía también tener un único color para todos. Podría albergar a un único ejército para luchar por el honor, la gloria, la felicidad de las gentes en territorios tristes, y sobre todo para crear héroes que no tenían sangre a sus espaldas, sino la mítica luz de la lucha, y a veces la victoria, y sobre todo la inmensa belleza de la épica sobre el césped llenando los ojos de los aficionados. En el fútbol un país dividido por el dolor y la impiedad podía disentir sin romper al otro. Incluso podían abrazarse bajo una única bandera, la que tiene los colores del fútbol más allá de lo político por mucho que el régimen quisiera usarlo como adormidera pública, o como vinculo común trajinado por intereses dictatoriales.

Como el fútbol crea mítica, en el fondo, nadie puede usarlo del todo si no son los sueños que imaginan el ir y venir del balón en la noche. Los niños con sus almohadas vivas, los hombres en sus espacios de ocio, en sus conversaciones en el bar, los jóvenes con sus esperanzas. Todo más allá de la sombra de la época viajaba dentro del fútbol, y con él iban nombres que se convertían en héroes amados, en modelos de ser que a veces hasta aplastaban el tedio de la angustia cotidiana. Entre esos héroes destacaba Zarra, Telmo Zarraonaindía Montoya, que había nacido en Erandio y jugo casi toda su vida en el Atletic Club, con aquella maravillosa delantera, Iriondo, Venancio, Panizo, Gainza... Comenzó en el 40 y marcó 334 goles en 354 partidos, casi a un gol por partido, todos producto de su fuerza y tesón rematador, su garra depredadora, y su cabeza poderosa y astuta. Para Gainza era uno de los delanteros centro más inteligentes que había visto, y en un partido de la selección en Estocolmo llenaron la ciudad de carteles que decían: "¡Admiren la mejor cabeza de Europa después de Churchill". Y allí, en la selección, con la que marcó 20 goles en 20 partidos, consiguió el gran gol de la fotografía a Inglaterra que nos llevaba por primera vez a cuartos de final en un mundial, en el de Brasil. Fue un gol que nos puso por delante de la pérfida Albión. Y el país hambriento estalló de alegría porque ocurrió algo que puso a todos en la misma trinchera, aunque Franco botara de gozo, y enviara su entusiasta felicitación: "…por vuestra técnica y coraje en defensa de nuestros colores. ¡Arriba España!" Los ingleses, soberbios y petulantes, inventores del fútbol, sintieron su orgullo pisado en la yerba. Como dijo el Daily Herald su fútbol pasó a ser un cadáver nombrado en una esquela que hacía referencia a Río de Janeiro, al gran Zarra, gigante que condujo a la guerrilla que los convirtió en cenizas tiradas.
Abro el Youtuve y rememoro aquel momento. Lo primero que ocurre es que me encuentro una voz portentosa, bella, con ribetes de heroicidad en cada palabra, contando en millones de radios la misma frase que luego hemos oído cientos de veces. La oímos mientras crecíamos frente a un televisor en blanco y negro o una radio de alma cotidiana y grande. Son esas palabras que ahora están en mi cabeza y me hacen sonreír recordando esa alegría instantánea y soberbia de Matías Prats: "¡Gol, gol!, señoras y señores Zarra acaba de marcar para España un gol maravilloso en una jugada plena de profundidad y rapidez, iniciada en el defensa Alonso, que pasó sobre Gainza, y éste de cabeza a Zarra, el delantero centro Español, quien cruzando un tiro suave a media altura ha batido irremisiblemente al meta Williams". Imaginen esa voz, ese silencio de las calles oscuras, los bares penumbrosos, los rostros enjutos, los niños tristes, la vida levantándose poco a poco después del terrible mazazo de la guerra, y a Matias Prats gritando gozo y orgullo por las sombras de un país destrozado.

Ramallets, Puchades, Basora, Gaínza, Zarra…, luchando contra el ídolo en el que el mismo Zarra llamó el "partido del siglo". Y ese gol hermoso que habremos visto tantas veces, como el de Marcelino a la Rusia comunista y diabólica, o como el de Torres a Alemania, pleno de fuerza, rapidez y ansia, y sobre todo como del de Iniesta a Holanda en Sudáfrica. He aquí cuatro grandes momentos que el fútbol ha dado a nuestra vida. El que ven en la fotografía llenó de sueños un mundo hastiado de guerras en el que estaba a punto de finalizar el quinto gobierno de la dictadura y se había fusilado en Barcelona al anarquista Manuel Sabater. Entonces casi comenzaba la guerra fría con el pacto de amistad entre Mao y Stalin. Nacía la SEAT como primer ladrillo de la inicial clase media. Se firmó en Estrasburgo la Convención Europea de los derechos humanos, mientras la URSS realzaba pruebas atómicas en Kazjistan, y USA comenzaba la guerra con Corea. El volcán Etna entró en Erupción y se lanzó la primera computadora comercial, la Univac 1. Mundo contradictorio siempre, miremos el año que miremos.

Pero el fútbol iba a lo suyo. Felicidad y sueños, decepción y dolor, pero siempre en una guerra llena de paz. Uruguay, con quien habíamos empatado, ganaba aquel mundial en Río de Janeiro a Brasil, en lo que se ha llamado el maracanazo. Zarra llegaba a España y 47 años después el Atletic le realizó el homenaje merecido. Allí se dieron cita grandes del fútbol, como Alfredo Di Stefano, Ladislao Kubala, José María Maguregui, Rafael Iriondo…Y también asistió Bert Williams, el portero que tantos años antes vio como Zarra le marcaba un gran gol, no se sabe bien si con la caña o con la rodilla. Lo que si se sabe es que fue con un gesto de fuerza y elegancia que la historia ha guardado en su vitrina. Bert Williams, aquel portero de Inglaterra, el fútbol tiene estas cosas, fue después un gran amigo del héroe de Erandio.

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