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DOS TIPOS DE SOBERBIA

31/10/2010

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Sólo sé que no sé nada. Ésa era una de las sentencias preferidas de Sócrates, el hombre que, condenado a muerte por corromper a los jóvenes con el veneno de la sabiduría, haciendo gala de su bondad, le dijo a sus jueces que se alegraran por condenarlo, “ya que no puede ocurrir ningún mal a un hombre bueno, ni en la vida ni después de la muerte”. “Ahora –continuó- seguid vuestros caminos, vosotros a vivir y yo a morir. ¿Qué es lo mejor? Sólo Dios lo sabe”. He aquí un bello consuelo socrático para apaciguar el dolor por los seres perdidos. Murió en paz. Bebió la cicuta y dejó este mundo sabiendo que había conseguido el culmen de la sabiduría, descubrir lo vital de la ignorancia humana, el destierro de la soberbia inconsciente de nuestra débil naturaleza.

El de Sócrates es un ejemplo que muchos deberían contemplar ahora, en este tiempo, cuando observamos que la soberbia está cada día acosándonos más y más, sin nada que la detenga. Sólo hay que atender a los Medios, ahora nuestro ágora, para observar que no abundan posturas tan socráticas. Y en este sentido yo distingo dos tipos de soberbia: la del intelectual y la del ignorante (hay más por supuesto). Ambas las vemos un día y otro desgreñadas en el tubo cuadrangular, hablando como sacerdotes en su propio templo, que es un lugar vacío en el que sólo existe la vanidad del ser que lo ha creado.

La soberbia del intelectual se basa en el hecho de la elevación. Son tipos que se sienten superiores a los demás porque acumulan más conocimientos, no más sabiduría, y en general te fríen a citas sobre lo que alguien dijo sobre esto y lo otro. Son monólogos andantes, no escuchan a nadie. Sólo quieren que los escuchen y piensan que los demás son afortunados por tener el privilegio de escucharlos. Ellos sólo saben que saben mucho. El motor que les mueve es la desmedida vanidad, única medida con la que yacen. “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, dice el Eclesiastés. Un ejemplo de esto es el tal Fernando Sanchez Dragó, rey de la cháchara, famoso estos días por los relatos de sus “proezas” sexuales.

Belén Esteban es el arquetipo de la soberbia del ignorante. Han conseguido que su verbo energúmeno sea un valor codiciable. Gritos y sentencias zafias son sus razones. Es una zambomba y no le van a la zaga los sacerdotes inmundos que viven en su templo, amantes de las tinieblas de la incultura. Representantes de esta ignorancia son también aquellos que dicen estar de vuelta de todo sin haber ido a ningún lado. Sólo sé que no sé nada, dijo el sabio. Estos dos tipos sólo saben que lo saben todo.

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