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DARWIN

15/02/2009

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Con Darwin murieron los dioses oscuros y nacieron los seres humanos. Con sus teorías prevaleció el valor de la vida y fueron muriendo todos los dioses que querían que los humanos olvidaran la vida para mirar sus rostros superiores e imposibles. Darwin ya estaba en la mitología griega, ya estaba en el mito de Prometeo, en esa revolución inacabable de los seres humanos contra unos dioses caprichosos, violentos y extraños que dictaban normas las más de las veces sin sentido. Los maravillosos griegos, el gran Hesiodo, quisieron luchar contra ellos con la poesía, con la música, con la belleza, pero siempre quedaba la duda de si cuando el cielo tronaba y disparaba sus rayos hacia los bosques asustados, no sería que el gran Júpiter estaba enfadado porque Ganímedes, el copero divino, le había manchado las barbas. Lo que los griegos querían decir con la poesía lo dijo Darwin con la ciencia. Darwin dijo a un mundo oscuro, amargo, lleno de presión y violencia, a un mundo en donde el ser humano era pisado, que no son los dioses quienes nos hicieron, sino que fue la naturaleza, los océanos, las montañas, el tiempo como una semilla que va creando especies sobre la tierra. Nos dijo que veníamos de la lucha por la vida, que veníamos de la supervivencia en un mundo hostil y que nosotros éramos una especie más entre todas las que se han ido haciendo en su batalla continua con la naturaleza por sobrevivir. No fue dios quien hizo a los hombres, sino los hombres quienes hicieron a dios, quienes crearon el rostro de un dios en todo lo desconocido. Darwin puso la primera semilla de un nuevo territorio en el que los hechiceros de la tribu, con sus sonajeros y sus magias, ya no estaban. Darwin abrió la primera puerta de la verdad en un mundo de mentiras. Darwin puso la primera letra de la libertad humana, el primer martillazo de la inteligencia contra la ignorancia, la primera caricia de un amor basado en la aceptación frente a un amor basado en el miedo. Hubo muchos predecesores (Bruno, Copérnico, Aristóteles…) en otras ciencias, pero fue él quien más contribuyó a destruir ese soplo divino y ese absurdo paraíso del que nos echaron por un pecado que todavía nadie nos ha definido. Quizá dios creó la naturaleza, pero fue la naturaleza quien nos hizo.

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