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Los otros

30/10/2005

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Nunca voy el uno de noviembre adonde viven mis muertos. Y digo “adonde viven”, porque creo, como decía Cicerón, que la vida de los muertos consiste en la memoria de los vivos. Y no voy ese día porque entonces la ciudad de los silencios parece un lugar más de la vida. La espaciosa avenida central vigilada por mausoleos y cenotafios parece la avenida principal de cualquier ciudad tumultuosa. El cementerio, entonces, se asemeja a un otoñal mercadillo de flores. Ese día la ciudad silenciosa sufre la invasión de “los otros”, como diría Amenábar. Y luego piensa uno que no hay nada más triste que ver miles de muertos despidiéndose de las visitas, hasta el año que viene amor, ¡qué lirios más hermosos has puesto en el mármol! Luego, a las seis, suena una campana y la ciudad de los muertos se queda como un pueblo abandonado. La multitud regresa a sus oficios sin reparar en que las raíces de los cipreses se riegan con las lágrimas de los que se quedan cuidando el vientre de la tierra. La penúltima claridad, exangüe, de la tarde, muere en los mármoles como un suspiro sin labios. Y en ese silencio, los muertos se quedan más tristes. Quizá recordando el viejo y perdido tumulto de la vida. Por eso el dos de noviembre, casi a hurtadillas, intentando no molestar, es cuando voy adonde viven mis muertos. No tengo otra pretensión que hacer verdad aquella frase que decía de Cicerón, que mi recuerdo los haga vivir. Y entonces me digo, claro, que todos pereceremos; pero también presiento que nos llevaremos como rehenes sensaciones cautivas que correrán nuestra fortuna. Y la muerte con ellas parecerá menos amarga, menos sin gloria, quizá menos probable. O en todo caso, razono con Sócrates, que hay fundamento para esperar que la muerte sea un bien. Porque una de dos: o quien muere queda reducido a la nada y entonces ni siente ni padece, o, como dicen, la muerte es un tránsito en el que el alma se traslada de este mundo a otro. Otro mundo, claro, en el que, como ha dicho el Papa, ya no existe el infierno. Menos mal, sólo faltaría que después de esto venga algo peor. Joé.

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