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El cachondeo

06/08/2005

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En Orlando hay un lugar llamado Pleasure Island (Isla del Placer). Allí tienen de todo. Discotecas, pubs, pizzerías, hamburgueserías, veladores, restaurantes, vamos, de todo. También hay una zona al aire libre en donde la gente se lo monta a su gusto. Allí hacen su botellón. Imagino que de whisky y hamburguesas. Aquí, lo que llamamos botellón, consiste en la sublimación del cubata artesano y en la elevación de la cerveza a los reinos del Olimpo. Sí, digo el Olimpo, el lugar en donde antes gobernaba Baco y ahora lo hace Gambrinus. Pues, como decía, en Pleasure Island, los amantes del cachondeo no tienen quién les reprima. Pueden gritar, bramar o cacarear, que el más cercano durmiente yacerá a varios kilómetros a la redonda. Por tanto, la algarabía reina sin freno y la trapatiesta se enseñorea del espacio hasta el punto de que todos los días, a las doce de la noche, se celebra un fin de año. El viento se llena de gigantescos confeti y, aunque no esté la presumida de la Obregón, suenan las doce campanadas. Además, las autoridades controlan lo justo para que los clásicos aguafiestas no impongan su sed de trifulcas y batallas.

Mientras tanto, en la ciudad, por la noche, reina la diosa de la serenidad. En cuanto algún borrachazo canturrea por las calles, la autoridad le pone de patitas en el calabozo. Es decir, cada cosa en su lugar. Los marchosos con sus cubatas, sus neones y sus músicas estentóreas, disfrutando como posesos, sin molestar a nadie. Y los ciudadanos del común poseídos por el placer silencioso de las sábanas, descansando sin que el tronar de unos bafles energúmenos les horaden tímpanos y entrañas. Porque se supone que el derecho al cachondeo es inferior al derecho al descanso en el hogar. Aunque aquí, no sé yo. Y no hablo sólo de los botellones. Pobre del que en su acera le pongan un merendero. A sufrir como Sísifo. El caso es que en nuestra tierra debería haber muchos Pleasure Island. Lugares para gozar sin que la alegría de unos signifique la tristeza de otros. Que el ruido también contamina leñe. Ea.

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