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Pobres

16/01/2005

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Cada vez que sucede alguna catástrofe solemos acordarnos de que existen los pobres. El otro día, incluso, leí en un periódico que en nuestro país quedan todavía algunos millones. Hay que ver, con lo desarrollados que somos. En fin, ya sé que hablar de los pobres suele ser un completo fastidio sociológico. Amargan felices estadísticas y suelen habitar la cara oculta de todos los pomposos objetivos de los gobiernos. Pero de vez en cuando, y sin estridencias, es conveniente acordarse de que existen. Semáforo en verde pues. Hablemos. Existen muchas clases de pobres. Aunque yo las dividiría en dos solamente. Los pobres lejanos y los pobres cercanos. A los primeros solemos verlos en la tele. Habitan extraños territorios y suelen producirnos un incómodo regusto en el paladar mientras nos muestran su harapienta existencia. Ante el hecho horroroso unos cambian de canal y otros damos mil duros a la ONG correspondiente. Otros ni cambian de canal ni ingresan mil duros. Pero al cabo, todos pensamos que desde esta lejanía es difícil solucionar su miseria. En todo caso, tampoco nos corresponde a nosotros. Es cosa de Bush, Blair, Shroëder, y todo tipo de potentados políticos.

Luego están los pobres cercanos. Estos salen menos en la tele y tienen un lustre distinto, pues viven su pobreza en la sociedad opulenta. A estos pobres los vemos en directo. Reposan en nuestras plazas y habitan nuestros barrios. Los tenemos al lado, y por eso no podemos cambiar de canal, aunque a veces hacemos como si no estuvieran presentes. Pasamos por su vera como si fuesen invisibles. Se tienden en la cera y parecen un banco más del paisaje. Nos hemos acostumbrado a su andrajosa presencia y simplemente pensamos que alguien debería hacer algo. Nosotros pagamos los impuestos religiosamente y corresponde al sistema arreglar la miseria. A veces les damos un euro y nos queda la duda de si no invertirán tan enorme capital en algún exceso que otro. Tranquilizamos la conciencia y quizá hasta nos sentimos dadivosos por soltar la calderilla.

En fin, la verdad los pobres existen y que nadie escribió más verdad que Quevedo cuando dijo que sólo existen dos linajes en la vida: el de tener y el de no tener. Ésas, hoy, después de Marx, son las dos únicas clases sociales. Ea.

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