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El descanso del elector

18/08/2004

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No sé si será la edad o esa pizca de pesadumbre que no se me quita de las entrañas últimamente pero el caso es que desde hace algún tiempo ya no soporto ni las multitudes ni las ferias ni las playas sucias ni que los políticos larguen en agosto como si estuviésemos en plena temporada de zurriagazos, que suele ser en otoño. En lo que respecta a esto último yo entiendo que los sustitutos, o políticos de guardia, quieran hacer méritos de guerra para que luego en octubre, con la sangre ardiendo, los pongan de titulares en los partidos decisivos. Pero hay que tener un poco de compasión con los electores. Claro, nos pasamos once meses con las soflamas en los oídos, con las descalificaciones bailando entre la sopa y el melocotón, y por tanto, cuando llega el agosto deseado, creo que nos merecemos eso que llaman el descanso del guerrero, en este caso el descanso del elector. Pero los sustitutos, o segundones, o aspirantes a cartel de farola invernal, ya no respetan ni la siesta y como creen que están ante la ocasión de su vida se ponen ciegos de palabras en los periódicos y se desmandan como un hambriento en un bufé, entrando al trapo con todo lo que haya.

Y así, entre otros muchos que son legión, López Garrido se ha propuesto batir el record de declaraciones altisonantes e innecesarias por segundo. Como en temporada apenas toca pelota ahora quiere hincharse de balón. En fin, qué infructuosas salvas de vacío. Debería aprender de Ana de Palacio. La pizpireta ex-ministra aparece en El Mundo en una fotografía. Tiene su cara de menina sobrante desplegada. Salta con una cuerda como si fuese una niña. Habla como si no fuese una política y en el aspaviento de la danza infantil su ya obnubilado rostro se vuelve más obnubilado todavía, aunque parezca imposible. Le hacen una jugosa entrevista y como doña Ana no es sustituta, de momento, pues apenas se mete con el contrario. Es compasiva con nosotros. Y así nos cuenta doña Palacio que no le van los hombres machorros, sino los metrosexuales, imagino que como Beckam o Chiquito de la Calzada, el infelizmente olvidado, el más ingenioso pecador de la pradera. Luego también nos dice que se morrea con Colin Powell con naturalidad y que la lujuria no es un pecado capital. Vamos, que no parece una fémina del PP. Y así, mientras Garrido se faja en la trinchera con una retórica lejana del sutil pragmatismo de Rubalcaba, la Palacio, quien como al viejo Morán le negaron la inteligencia, se va a ir de mochilera por los lejanos territorios en donde todavía huele la guerra. Y así debe ser. Los políticos, en agosto, a callar. Y nosotros, a olvidarnos de que en septiembre volverán con nuestra vida.



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